En el corazón de Upplands-Bro está brotando algo muy especial: una plantación de lavanda con más de 3.000 plantas que no sólo adornan el paisaje con su encantador aroma y color, sino que también contribuyen a enriquecer el ecosistema. La lavanda es una flor muy apreciada por abejas y mariposas, por lo que desempeña un papel importante en la polinización de árboles frutales y hortalizas. Es un regalo de la naturaleza tanto para el jardín como para el alma.
Detrás del cultivo está Anne, que con manos suaves y un gran corazón ha creado un lugar donde se dan cita la belleza, la sostenibilidad y la creatividad. Para ella, la lavanda es algo más que una planta: es una experiencia para los ojos, el alma y el olfato.
En una cochera renovada, Anne ofrece ahora talleres únicos en los que los visitantes pueden crear con sus manos: atar su propia corona de lavanda, dar forma a hermosas coronas de avena y cebada o hacer amapolas con papel crepé. Es un lugar donde la artesanía y la naturaleza se encuentran, donde cada participante puede sentir la alegría y la paz de la creación.
Además de lavandera, Anne trabaja como orientadora laboral para personas con discapacidad, un trabajo que le encanta. “Mis participantes, o mejor dicho, mis colegas, me inspiran cada día. Crear juntos es sanador, fortalecedor y significativo”, afirma.
Con sus cultivos y talleres, Anne quiere ofrecer algo único en la zona de Estocolmo: un lugar donde la gente pueda reunirse, crear y sentir el poder de la naturaleza. Es una iniciativa que florece mucho más allá de los campos de lavanda.
La lavanda volverá a florecer en julio-agosto de 2026, cuando volverá a estar abierta para que los visitantes recojan la suya y hagan picnics entre la lavanda en flor.






